Creo que todos recordaremos siempre nuestra primera boda, cuando tus primeros clientes entraron a tu oficina, y salió tu primera venta. A partir de ese momento inicia un mundo lleno de muchas emociones que se convierten en la preparación de un evento, de tu primer evento.
Proveedores, aliados, las flores, la locación y miles de detalles más, pero sobre todo la firme convicción de dar tu mejor esfuerzo para lograr sorprender gratamente a tus clientes, nadie sabe que es tu primera boda, los ojos y la esperanza de tus clientes y de su familia están puestas en ti. Después de muchos meses, de emociones encontradas, de tensión, y de arduo trabajo planificando todos y cada uno de los proyectos que terminaran mostrando tu trabajo, llega el gran día, tus clientes te abrazan, ellos se miran con amor, sus ojos brillan, sus invitados los felicitan, el salón es un espacio mágico lleno de luz y colores, la música suena perfecta, las velas generan ese ambiente de calidez y romanticismo con que tu soñaste, tu equipo de colaboradores esta tras bambalinas mirando tu reacción, y tu sonríes, estas orgulloso y sacas pecho por ese momento de felicidad absoluta. Ahí creo firmemente que amamos lo que hacemos, que vivimos y sentimos millones de emociones, esta pasión que invade nuestros corazones y los sentidos, es aquí donde entendemos que este no será un trabajo, esto será un estilo de vida. Aquí inicia una carrera donde el arte, el compromiso, la creatividad y la responsabilidad de entender que es un único momento de espacio y tiempo que no se repetirá nunca más, que no habrá una segunda oportunidad, es ahí donde dices amo esto, quiero dedicarme por el resto de mi vida a esto, e inicia tu compromiso de ser el mejor planeador y decorador. Cada boda, 15 años y cada evento, genere este mismo efecto y la misma pasión de esta primera boda.


